viernes, 26 de junio de 2015

28 de junio: Día del Orgullo LGTBi

Actividad organizada para éste sábado
28 de JUNIO EN PLENA RETRO-PROCESIÓN

Por Eduardo Nabal

El 28 de junio nació como un día de lucha en las calles. Las trans, los maricas de otras razas, las lesbianas sin nombre se enfrentaron a la policía que hacía pactos clandestinos para "tolerar" ciertos bares a cambio de beneficios económicos. El problema fundamental es que ha cambiado más el movimiento (hablando en general) que el panorama. Es decir, el movimiento LGTBQ no existe en Burgos pero tampoco existe como tal si lo entendemos como lo entendieron las trans de Stonewall. 

Es posible que todos los movimientos, hasta los mas acríticos y asimilacionistas sean necesarios. Hemos cometido dos errores que nos han pasado factura de diferente manera el pensar o seguir pensando que todo el movimiento LGTB era de izquierdas y el pensar que todas las izquierdas estaban en nuestra lucha, por lógica.
Es aquí donde entra el debate eterno de que estamos atravesados por muchas opresiones distintas, que incluyen la creciente diferencia entre ricos y pobres pero que también incluyen una falta de políticas públicas hacia las sexualidades no normativas que se traduce en el precio nada desdeñable del exilio o la huida a las grandes capitales, algunos para siempre otros precisamente ese 28 de Junio que aquí es la víspera de San Pedro. Alejándonos de las lamentaciones hemos percibido una juventud más insolente y más preparada que anteriores generaciones. Bravo por ellos/as. y en ellos debemos delegar nuestras "armas", si las tenemos. Pero el problema se plantea cuando la derecha en el poder o el oportunismo socialdemócrata dejan de considerarnos como gente hacia la que hay que dirigirse más allá de lo justito o a la que incluso hay que silenciar para no enfadar a sus colegas de la Iglesia y el amor por el provincianismo mental. La construcción del otro por parte de una derecha neoliberal en crisis se materializa en recortes sanitarios, evolucionismo educativo, oportunismo sin respuesta, vuelta al armario en los trabajos, populismos de derechas, miedos abstractos, aumento del poder policial.


A regañadientes se trata el feminismo y siempre con preferencia por lo institucional. También se hace todo lo posible por evitar tener que pensar en tus vecinos LGTB. Se practica la "tolerancia represiva". Los recortes sociales y sanitarios deberían llamar la atención de la verdadera izquierda de que lo nuestro es una cuestión política de primer orden. ¿Porque sino los moros, los sin techo y los gays o lesbianas que no lo ocultan preocupan tanto a los neonazis que ahora se disfrazan, también aquí, de partidos políticos? Porque en su imaginario sigue presente el lastre no solo del catolicismo obligatorio sino de las ofensas simbólicas como males menores frente a los grandes problemas sociales. Pero el pensar que los grandes problemas sociales no se agudizan en el caso de la gente que tiene que pagar un plus por consumición es ingenuo. Yo tengo fe en las nuevas fuerzas políticas, en la gente que han crecido con mayores oportunidades de darse cuenta de que lo que dice el cura, el maestro, el empresario, el psiquiatra o el alcalde, no es ni siquiera medio verdad. De un tiempo a esta parte se han ido articulando experiencias mejores entre distintos grupos sociales hacia una mayor visibilidad en partidos y sindicatos. El acceso a la subjetividad en una ciudad como ésta sigue siendo complicado pero tampoco Burgos ha sido una excepción en las luchas nuevas en la calle contra la estafa de la derechona corrupta. Tampoco han dejado de llegar los ecos de los cambios y nuevas visiones sobre el género, la raza o las sexualidades como motores sociales que funcionan en uno y otro sentido dependiendo del espacio geopolítico.. En el estado español de la represión y criminalización de los movimientos sociales y del crimen organizado de los gobernantes poco les importa que estos recortes e involuciones atenten contra estructuras todavía frágiles de lucha auténtica, ruptura de moldes, búsqueda de visibilidad y un tipo de justicia social que se base, de una vez por todas, en la subjetividad y la autodeterminación.

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