domingo, 7 de febrero de 2016

LA EVOLUCIÓN DE MARTIN LUTHER KING. "Al final de su vida, era un socialista declarado"

LEE SUSTAR
Practicamente todos los políticos del Partido Demócrata, negros o blancos, reclaman el legado de Martin Luther King Jr.

Olvidan, intencionalmente, el hecho de que en los últimos años de su vida, antes de su asesinato en 1968, King rompió con el presidente demócrata Lyndon Johnson por la Guerra de Vietnam y el fracaso de su administración para hacer cumplir los derechos civiles en el sur. Esto es algo que ningún demócrata de hoy estaría en condiciones de hacer.


A pesar de que las reformas que exigió King durante la mayor parte de su vida eran tibias en relación a las demandas de los negros nacionalistas más radicales, fueron condenadas por los mismos demócratas que, desde su muerte, han intentado que King se convierta en un icono y un símbolo de la acomodación negra al sistema.
Para entender el giro a la izquierda de King es necesario tener en cuenta las luchas de clase que se encontraban bajo el movimiento por los derechos civiles, así como el carácter de la organización de King, la Southern Christian Leadership Conference (SCLC).

Cuando King apareció como líder del boicot a los autobuses de Montgomery (ndr: ver en wikipedia protesta a los autobuses públicos de Montgomery)en los años 50, ya estaba al frente de un movimiento local cuyo ejemplo fue seguido en decenas de otras ciudades del sur en los años siguientes. La organización que ayudó a fundar, la SCLC, abrió varias sedes territoriales, pero básicamente era un grupo de organizadores profesionales que se trasladaba de una ciudad a otra involucrándose en las luchas ya iniciadas por estudiantes, trabajadores o campesinos negros locales.

El objetivo de la SCLC no era ayudar a estos activistas a desarrollarse independientemente, sino liderarlos hacia la lucha no violenta contra los segregacionistas y los policías violentos que apoyaban la ley Jim Crow. Según líderes de la SCLC como Hosea Williams y Wyatt T. Walker, el gobierno federal se vería obligado a intervenir para apoyar a los activistas por los derechos civiles y, así, detener el caos.

Al principio la estrategia parecía funcionar. Una decisión del Tribunal Supremo apoyó el boicot a los autobuses de Montgomery. El presidente Kennedy introdujo la legislación sobre derechos civiles después de las marchas organizadas por la SCLC en Birmingham y atacadas reiteradamente por la policía, en 1963 y el proyecto se convirtió en Ley al año siguiente. Sangrientos enfrentamientos en St. Augustine (Florida) y Selma (Alabama) empujaron al sucesor de Kennedy, Lyndon Johnson a someter a la aprobación del Congreso la Ley de Derecho al voto en 1965.

Kennedy y Johnson apoyaron los derechos civiles sólo cuando pensaron que era necesario para mantener a raya la rebelión militante negra. De hecho, querían evitar enemistarse con la parte más derechista de su partido, la Southern Dixiecrat. King y las protestas de la SCLC serían permitidas mientras se mantuvieran no violentas, y se limitaran a luchar contra la segregación en el sur, sin cuestionar la discriminación económica racista de amplias con amplias raíces en el capitalismo de los Estados Unidos.

Sin embargo, hacia 1965 la credibilidad de King había disminuido entre los activistas del sur. La cultura de la SCLC de llegar a una ciudad en medio de una revuelta, darle visibilidad en los medios y negociar un acuerdo, molestaba tanto a los activistas negros locales como a la creciente rama radical del Comité de Coordinación Estudiantil no violento, que estaba intentando apoyar a los negros del sur en el desarrollo de un liderazgo propio.
Entretanto, el negro nacionalista Malcom X empezó a defender, no sin razón, que la no violencia propugnada por King y el SCLC exponía a los negros a agresiones policiales y ataques racistas.

Las críticas a King tuvieron un nuevo hito en Selma en 1965, donde la policía golpeó y lanzó gases contra los activistas que intentaban marchar hasta la capital del estado de Alabama, Montgomery. Cuando una segunda marcha fue organizada, la policía no la impidió. Sin embargo, King llevó a los manifestantes de vuelta a Selma para no desafiar una orden judicial. Esta retirada, junto con la aceptación por parte de King de ciertas concesiones simbólicas de las autoridades de Selma, fue calificada como traición por muchos radicales.

Las diferencias se hicieron patentes un año más tarde, después de que James Meredith, el primer estudiante negro en ir a la Universidad de Mississippi, fueron tiroteado durante su protesta solitaria a través del Estado (ndr: ver en wikipedia James Meredith). King y el líder de la SNCC Stokely Carmichael, (más tarde conocido como Kwame Ture) estuvieron entre los líderes por los derechos civiles que se unieron a los cientos de activistas que completaron la marcha de Meredith en el verano de 1966.
Acosados por matones racistas y por la brutalidad policial a lo largo de todo el camino, los manifestantes se unieron con entusiasmo al cántico de Black Power de Carmichael y empezaron a prestar atención a sus ideas nacionalistas. Aunque King se negó a unirse a otros líderes negros más conservadores en su ataque al eslogan de Black Power por racista, tampoco le prestó su apoyo, justificando que implicaba violencia y por tanto alejaría un potencial apoyo blanco.
Tenemos que transformar nuestro movimiento en algo positivo y creativo”, dijo cuando se le pidió su opinión sobre Carmichael. Para los militantes negros, King era visto como un traidor. Pero para los demócratas liberales, preocupados por la influencia de las ideas del nacionalismo negro y por las revueltas generalizadas en ciudades del norte, la posición de King parecía un apoyo velado al Black Power.

King reconoció que intentaba construir un puente lo más amplio posible. “Si el gobierno quiere que mantenga a la gente en la no violencia, tendrá que concederme algunas victorias”. De hecho, King no tardaría en enfrentarse con los demócratas del norte de manera abierta. Tras la abolición de la última ley segregacionista Jim Crow, con la Ley de Derecho al Voto de 1965, King fijó su atención en el creciente movimiento de militantes negros en el norte.
La ruptura final del con el president Johnson llegó en abril de 1967, cuando Kin instó a los Estados Unidos a retirarse de su guerra “colonial” en Vietnam.

Cuando ya un número importante de senadores demócratas estaba contra la guerra, la mayor parte de los activistas por los derechos sociales mantenía su apoyo a la administración Johnson. Periódicos liberales como el New York Times o el Washington Post, que se habían mostrado cercanos a King durante las luchas por los derechos sociales en el sur, ahora le atacaban por su posición anti guerra.
Un vengativo Johnson permitió al FBI intensificar su acoso a King y a otros líderes de la SCLC. El presidente se indignó cuando supo de la intención de King de liderar una Marcha de los pobres frente al Capitolio en Washington.

Johnson y los demócratas habían confiado durante mucho tiempo en la táctica de la no violencia y en el apoyo de King a su partido como contrapeso al creciente número de radicales del Black Power. Cuando King denunció la guerra en 1967, los demócratas empezaron a considerarlo un traidor.
Sin embargo, la ruptura de King con los demócratas, no le granjeó el apoyo de los negros en el norte, donde las revueltas callejeras aparecían en decenas de grandes ciudades. La política de los nacionalistas negros más radicales –en especial su preferencia por la autodefensa contra la violencia racista- parecía ser más cercana a las revueltas en estas circunstancias.

Atacado desde la derecha y desde la izquierda, King se vio forzado a repensar su carrera y la organización que lideraba, la SCLC. “Debemos admitir que nuestros logros se han visto limitados en el sur”, dijo en un encuentro de la dirección de la SCLC en 1967 y que la SCLC tenía que llamar a una “radical redistribución de la riqueza y el poder”. En diferentes ocasiones, King manifestó a sus colaboradores que los Estados Unidos necesitaban un socialismo democrático que garantizara trabajo en ingresos para todos.
Otros líderes de la SCLC, como Andrew Young, Jesse Jackson y Ralph Abernathy, era contraries a los planes de la Marcha de los Pobres. Las sedes locales de la SCLC en el sur habían sido descuidadas en un intento de organizarse contra la segregación en Chicago, y los grupos del norte también eran muy débiles.
Por otra parte, a los planes de King se enfrentó a la rama de orientación capitalista de la SCLC, la Operation Breadbasket, dirigida por Jesse Jackson. “Si estás tan interesado en seguir tus planes que no puedes seguir las líneas de la organización, adelante”, dijo King en respuesta a las críticas de Jackson a su marcha. “Si quieres cavar tu propio nicho a nivel social, adelante, pero por Dios, déjame en paz”.

En cualquier caso, los demócratas consideraron como traición la campaña de King por la gente pobre y la derecha decía que probaba que King era un comunista. Todos estos factores, sumados a la campaña presidencial del gobernador segregacionista de Alabama, George Wallace, hicieron que la vida de King se empezara a ver amenazada.
Frente a la hostilidad de la administración Johnson, las críticas, tanto por parte de los negros nacionalistas como del stablishment negro, y con su organización dividida, King se encontraba más aislado políticamente que nunca cuando fue asesinado en Memphis el 4 de abril de 1968, menos de tres semanas antes de que la campaña de la gente pobre comenzara. King había viajado a Memphis para apoyar una huelga de trabajadores negros de la sanidad (de hecho, fue el único activista de impacto estatal por los derechos civiles que lo hizo).

No pasó mucho tiempo después de su muerte para que los medios de las clases dominantes empezaran a transformar la imagen de King en la de un santo inofensivo.
Para conseguirlo, tuvieron que enterrar en el legado real de Martin Luther King, tanto al líder de las primeras luchas del movimiento por los derechos civiles, que rechazó aceptar las peticiones de paciencia y moderación de sus aliados demócratas, como el más radical líder negro de final de los sesenta, cuya visión de la que debía cambiarse en la sociedad, se había ampliado sustancialmente.

Lee Sustar es editor de Socialist Worker
18/01/2016

http://www.jacobinmag.com/2016/01/martin-luther-king-socialist
Traducción: Santiago Morán

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